26.8.08

¿Cómo?


Él dijo: “te quiero”. Ella le respondió con una pregunta: ¿Cómo? Él no añadió nada. Luego subió al tranvía; ya saben, un viaje monótono e irremediable en el que uno piensa que debería pensar y acaba no pensando en nada, porque no pensar en nada es traumáticamente fácil. Luego la pregunta de nuevo en la cabeza camino a casa: “¿Cómo?” Qué insulso se nota el pavimento por la noche, más frío y desconcertante que en cualquier otro momento del día. Y las alcantarillas, qué abiertas en sí mismas, qué podridamente cotidianas. “Cómo”… qué sabía él; ni siquiera entendía qué significaba exactamente querer, ni si el concepto se removía en el espacio y en el tiempo o permanecía estático… cómo responder al cómo sin saber el por qué, el cuándo… apenas unos quienes inseguros y más pequeños de lo que se debiera o lo que se quisiera a pesar de su forzada adultez. Siempre el crecer a contratiempo y el mirar el pasado a contravista. Y siempre ahí la certeza de que las relaciones son el misterio del hábito, el resultado del pasado de cada cual, y su trayectoria le hacía responder la simpleza de que, para él, querer era mirarla y no sentir desprecio.“Cómo…” No sabía qué le diría, pero ahí la verdad indudable de que la amaba como a la calle que tantas veces le sujetó en la caída, del modo en que las raíces adoran el agua o los estómagos el trigo.
Lau

1 comentario:

Anónimo dijo...

los sentimientos crecen, menguan, llegan, desaparecen, se inflan y se sienten y nunca sabemos exactamente ¿cómo?
En ese mistero radica el placer de sentirlos, están ahí....como el aire para nuestros pulmones!
Precioso texto,Lau!