Dejar al sueño como puente con la vida,
convertirlo en horizonte después de la mañana,
un faro entre la niebla,
un arrecife con mar gruesa que invita a todos los naufragios,
al embarranque entre tus nalgas.
Desmenuzarlo hasta reducirlo a polvo
y moldearlo con manos de avaricia
y con sus líquidos.
Hacer de la noche una trinchera
donde las manos se caen por sobrepeso
del alma que acarician,
a plomo,sin barrena.
Delimitar en un círculola espuma henchida del deseo
de atravesar las meninges de lo amado
con los ojos,
con la boca,
por la espalda y por el pecho.
Y dejar que el mundo se deshaga
en la leprosería de lo común,
sobreabundante.
Y ahondarte hasta parir tus ojos
en una carcajada a la alborada.
Así, quizás,
los sueños sean más largos que la noche
y la vigilia se pierda en tu mirada.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario