Los ojos llueven sombríos, iglos de un pasado espantado,
y abatidos caen al mojado fango
y se empapande lodo y de miserias sin alas,
de olvido agostado y abandonado,
de versos sin sentido (ingratos moribundos)
Las manijas se detienen aburridas,
y se silencian en la multitud del tic-tac,
que suena acompasado en el caos,
pero callan y mueren,
y los recuerdos decaídos se hunden,
y las nomeolvides mustias lloran
desoladas por la negrura de sus hojas,
languidecen y ya no son
sino viudas incansables de su lloro.
Y las manos se arrepienten,
encadenadas al desden de no hallar caricias
fuera de las suyas propias (crueles hábitos rapaces)
Y todo perece…las arrugas llenos los rostros
como afligidos verdugos enviados.
Ana
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