10.9.08

Mientras anda buscando su sombra suicida por las calles desparejas de la villa, los perros famélicos y pendencieros no se le acercan ni le ladran, los muchachos, en su mayoría rateros, drogadictos, borrachines, los border, los sucios, las lacras viejas que no se mueren porque ni la misma muerte los quiere, lo ven pasar como una aparición que no provoca nada, ni siquiera las ganas de atracarlo o insultarlo o burlarse por su facha ambigua, ni siquiera indiferencia.
No le importa meter los pies en los charcos de agua, ni embarrase la ropa ni pisar mierda de perro, ni llorar por lo que ya nunca iba a tener o recuperar
Hasta que escucha la risa de la reina de la basura
Y piensa que quizá un poco más de mugre para su alma no le vendría mal, cuando la mujer le dijo “acercáte bombón, que tengo algo lindo para darte”
Pero esa noche la “loca de la esquina” como la habían apodado en la villa, no intentó seducirlo ni abrió las piernas mugrientas para mostrar su sexo, y lo invitó a sentarse a su lado para compartir un vino barato comprado en el infierno.
“Es como meada del diablo pero cura las penas”
Ella es una mujer joven y todavía algo bonita, pero las brujas del barrio dicen se volvió loca del todo cuando su marido se marchó a otro país y nunca mas volvió. Le robó a sus hijos y ella desde entonces ve mariposas sicodélicas con cabeza de cerdo brotando del arroyito que corre junto a las vías del tren, anda montada en serpientes azules buscando a sus hijos, y los encuentra junto a las puertas del cielo, y los ve bellos y ángeles dorados que juegan a tirase trozos de nubes… y entonces los saluda pero ellos no quieren reconocerla porque está sucia y borracha y despide mal olor, porque delira y se tira los pelos, y a veces anda corriendo por las calles de tierra provocando a los hombres para pelear a puño limpio creyendo que son el padre de su hijos… Ella misma se apodó reina de la basura porque su vida se había transformado en eso, pero paradójicamente, en la misma basura encuentra su sustento.
Y en el boliche destartalado del don Jesús compra el vino sagrado que es el orín del diablo con propiedades curativas, soporíferas, sirven para olvidarse de su vida miserable y de la casa que el gobierno le remató, alcanza de a ratos para enterrar los rostros de los jueces y abogados que no le devolvieron a sus hijos y de…
“Te convido… porque anoche te vi en un sueño, y sabía que ibas a venir.
“Gracias… ¿puedo quedarme contigo?”
“Claro que sí… Pero estas hecho mierda nene, nunca te había visto así”
“Es que quiero morirme pero no sé como hacerlo”
“Yo ya estoy muerta, así que puedo enseñarte…”

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“Quiero esconderme acá y no salir nunca más”
Como la reina es reina, aunque sea de la basura, ella decide acepta y apoya. Es dueña y señora de su comarca, de los sueños que se desfiguran cada noche, de las esperas del milagro que, en el fondo, sabe que nunca ocurrirá.
“Yo te voy a cuidar mi niña” le dice al niño grande, porque a ella le arrancaron la razón y las entrañas cuando le arrebataron a sus críos, y lo besa y se deja besar y llora…

La Diosa Òsun empujó a su hijo hacia los brazos de la Loca que iba a ser su “iniciadora”, porque también había en él un Ògún, un guerrero violento y enloquecido encerrado en la crisálida de sus censuras inconcientes.
Y la Loca entonces le da de beber el otro vino mágico en una mamadera gigante que es su seno, y lo acuna y le dice que bello, que bello te ha hecho dios, como mi Gustavo, mi Gustavito que ahora no quiere verme porque está allá entre ángeles y personas transparentes... Enreda sus dedos en el cabello ensortijado y rubio de Pedro, y él se deja hacer pues nunca tuvo una caricia sincera y sabe que ella lo va a cuidar, a dar cobijo bajo su ala y bajo su desesperación que no menoscaban la sinceridad del afecto. Y ya no hay suciedad ni desorden alrededor y todo cobra un brillo inusitado cuando comienzan a crecer plantas alrededor, tallos que explotan en flores, una cascada que pasa por debajo de su cuerpo y le nacen alitas en los pies que le hacen cosquillas.
La Loca lo acaricia suavemente, el rostro el cuello, el pecho donde también comienzan a aparecer pelusas que se transforman en vellos negros, una línea oscura de pelos que le llega ahora hasta el pubis. Él siente que crece y crece con las caricias, distintas, calientes y suaves, seguras y apasionadas pero calmas. Siente que ahora se le hinchan los músculos por dentro, de los brazos y las piernas, que quiere gritar y putear y agradecer, y también llorar porque el niño-niña está muriéndose…
Òsun también disfruta, guía certeramente las manos de la Loca hasta el sexo de Pedro, y él tiembla, la incertidumbre de lo que vendrá le gusta, vibra como una cuerda en el aire y se sacude como un tallo nuevo; es junco a merced de una corriente de otro mundo. Se dobla y se dobla y gime, y ríe por el placer, por ese placer que nunca pudo experimentar ante una mujer.
Y de pronto estalla.
Su sexo es el sexo de los dioses, y el rostro de la Loca es como se imagina el de su Mâe Òsun y es todas la mujeres que él admira y respeta, y se deja llevar por el cauce del río hasta hundirse entre la fronda verde, amarilla, interminable olorosa a pasto y a líquenes, y a caracoles, peces, piedras y sauces que se inclinan para agradecer el sustento y también para mirarse en el espejo que nunca es el mismo…
Òsun y todas sus mujeres lo guían hasta el éxtasis por primera vez…
Y ahora él también es Ògún, un trozo de locura lanzando su grito guerrero entre las piernas de la diosa…

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