
Como cada noche, busqué algo en las aceras que hiciera que la noche doliera menos. Solo encontré hormigas debajo de las sabanas, reptando por las calles, miradas vacías y corazones pétreos. Dicen llamarse personas. Dudo mucho que lo sean, no saben ni vivir ni sentir… cada día se arrancan a trocitos el alma, la escupen por la boca y se la dan a comer al perro que espera leal su premio por mover la patita.
Me aturden (me aburren)… me autoflagelo buscando esa diferencia que presumo de tener y mientras tanto…
Hoy vi a alguien, un señor, de unos 40-50 años, alto, pelo y barba canas, gafas y gabardina y mirada de haber vivido lo suyo, cicatrices en el corazón y arrugas en la piel. Bastante atractivo…Mi mirada se abrió de piernas y la suya me regaló un recuerdo que no llego a recordar. Ops… perdón, el corazón se me cayó al suelo y se me escurrió por la rendija de la alcantarilla.
Ana
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